Orden del Temple se identifica íntimamente con las Cruzadas. Nace como consecuencia de la primera y muere poco después de que se hiciera imposible el último proyecto de ellas (la alianza entre cristianos y mongoles nestorianos), al comenzar el siglo XIV. Las Cruzadas y el reino franco creado por ellas, así como la Orden del Temple, perduran, por tanto, casi exactamente dos siglos, desde finales del XI al principio del XIV.
Pero esta no es una página dedicada a las cruzadas medievales cristianas. De todas formas, y para quién desee situarse un poco y disponer de los datos más relevantes de esos doscientos años, puede hacerlo en el apartado que se indica a continuación:
"Las Cruzadas: un poco de historia"
A partir de aquí, vamos a centrarnos única y exclusivamente en la que se llamó "Orden de los pobres caballeros de Cristo y del templo de Salomón" o más sencillamente "Templarios".
Un Caballero de Cristo es un cruzado en todo momento, al hallarse entregado a una doble pelea: frente a las tentaciones de la carne y la sangre, a la vez que frente a las fuerzas espirituales del cielo. Avanza sin temor, no descuidando lo que pueda suceder a su derecha o a su izquierda, con el pecho cubierto por la cota de malla y el alma bien equipada con la fe. Al contar con estas dos protecciones, no teme a hombres ni a demonio alguno."
ño del señor de 1118. Los cruzados occidentales gobiernan Jerusalén bajo el mandato del Rey Balduino II. Es primavera y nueve caballeros, con Hugo de Payns a la cabeza, y a similitud de los ya existentes "Caballeros del Santo Sepulcro", fundan una nueva orden de caballería, con el beneplácito del rey de la ciudad. Han nacido los Templarios.
l primer Maestre (que no Gran Maestre, como se repite a menudo erroneamente) Hugo de Payns, nació en un noble caserío cercano a Troyes hacia el año 1080. Con una sólida educación cristiana y un habil manejo de las armas, sintió desde muy joven la misma vocación de monje que de soldado.
robablemente se alistó en la Primera Cruzada antes de haber cumplido los veinte años, enrolado quizá entre las tropas del conde Hugo de Vermandois, hermano de Felipe I, Rey de Francia.Es durante dicha cruzada de desbordante fe, cuanto el joven Hugo se da cuenta de que es posible aunar sus dos vocaciones con la creación de una nueva orden religioso-militar, la primera de estas características, destinada al servicio en Tierra Santa. En medio de aquel ejército cristiano, no tardó en encontrar otros ocho compañeros que participaran de su ideal y concepción de la vida.
LOS NUEVE
FUNDADORES
DE LA ORDEN
DEL TEMPLE
s significativo señalar la donación por el Rey Balduino II de Jerusalén como sede para la nueva orden, y de ahí su denominación, de la mezquita blanca de al-Aqsa, del Monte del Templo. Creo necesario indicar que en la época, se identificaba dicha mezquita como el emplazamiento exacto del Templo de Salomón (hoy se sabe que era mucho mayor, y que la mezquita ocupa solamente el atrio de dicho templo), y por ello no es facilmente explicable como a una recién fundada "policía de caminos" tal era la función principal de los Templarios en sus comienzos, se le fuera donado semejante emplazamiento, donde cabían sobradamente varios millares de caballeros, teniendo en cuenta que solo eran nueve hombres.
El Templo de Salomón
n hecho que también contiene una cierta dosis de misterio, es que estos primeros caballeros no admitieron a nadie más en la recién creada orden, durante los nueve primeros años de existencia. Algunas especulaciones relacionan esta decisión con una excavación secreta que llevaban a cabo en los sótanos del Templo, donde pudieron haber buscado el Arca de la Alianza, tarea de la cual solo unos pocos elegidos habrían tenido conocimiento. (Ver: Leyendas del Temple)
sí pues, parece ser que durante los primeros nueve años, los Caballeros del Temple no hacen otra cosa que proteger a los peregrinos, sobre todo en el peligroso camino del puerto de Jaffa a las murallas de Jerusalén. Sin embargo, a pesar de su valor y abnegado servicio, no consta que participaran en las campañas de los reyes del nuevo reino cristiano desde el fin de la Primera Cruzada, lo que refuerza la hipótesis anteriormente citada y defendida por algunos historiadores, que les tendría ocupados durante largo tiempo. De todas formas, esto sería entrar en el terreno de la mera suposición.
Peregrinos escoltados por Templarios
n siglo más tarde, el historiador Jacques de Vitry, describe de esta extraordinaria manera lo que fue el origen del Temple:
"Ciertos caballeros, amados por Dios y consagrados a su servicio, renunciaron al mundo y se consagraron a Cristo. Mediante votos solemnes pronunciados ante el Patriarca de Jerusalén, se comprometieron a defender a los peregrinos contra los grupos de bandoleros, a proteger los caminos y servir como caballería al soberano rey. Observaron la pobreza, la castidad y la obediencia según la regla de los canónigos regulares. Sus jefes eran dos hombres venerables, Hugo de Payns y Godofredo de Saint-Omer. Al principio no había más que nueve que tomasen tan santa decisión, y durante nueve años sirvieron en hábitos seculares y se vistieron con las limosnas que les daban los fieles."
n 1127, el Maestre Hugo de Payns, una vez obtenida la aprobación de los Templarios por el Patriarca de Jerusalén, preparó un viaje a Roma con el fin de obtener una definitiva aprobación pontificia, y que de ese modo el Temple se convirtiera en Orden militar de pleno derecho. Balduino II, regente de Jerusalén, escribió al entonces Abad de Claraval, Bernardo, para que favoreciese al primer Maestre de la Orden ante la Iglesia.
an Bernardo de Claraval, uno de los iniciadores de la Orden monacal del Císter en Francia, era a sus veinticinco años una personalidad espiritualmente arrolladora, activísimo trabajador, que funda numerosos monasterios, escribe a reyes, papas, obispos y monjes, redacta tratados de teología, está siempre en oración y batallando a los enemigos de la fe romana. Tenía además, dos pariente próximos entre los nueve fundadores del Temple (Hugo de Payns y Andrés de Montbard, que era su tío), por lo que parece probable que tuviese ya noticias de la fundación de la nueva agrupación de monjes-soldados. Así pues, como esta nueva Orden colmaba su propia idea de sacralización de la milicia, recibió con todo entusiasmo la carta del rey Balduino y se convirtió en el principal valedor del Temple.
San Bernardo de Claraval
or el momento, los Templarios habían recibido de los canónigos del Santo Sepulcro la misma Regla de San Agustín que ellos profesaban, pero el abad de Claraval deseaba algo más próximo y original para sus nuevos protegidos. Lo primero que hizo fue gestionar a favor de su pariente Hugo de Payns y los cuatro templarios que le acompañaban, una acogida positiva y cordial por parte del Papa Honorio II, a quien los fundadores del Temple estaban a punto de visitar en Roma. De acuerdo con la propuesta de Bernardo, en la primavera de 1228, se celebró un concilio extraordinario en Troyes, con nutrida asistencia de prelados franceses y de territorios próximos: dos arzobispos, diez obispos, siete abades, dos escolásticos e infinidad de otros personajes eclesiásticos, todo ello bajo la presidencia de un legado papal, el cardenal Mateo de Albano.
l hábil abad Bernardo, que de una manera u otra estaba vinculado a la mayoría de los asistentes, expuso los principios y primeros servicios de la Orden, y luego supo responder con prontitud a todas las preguntas que le fueron formuladas. El Concilio de Troyes, tras varias semanas de interrogatorios y deliberaciones, aprobó a la Orden del Temple con entusiasmo, como una especie de institucionalización de la Cruzada. De esta manera quedó establecida "oficialmente" la Orden del Temple. El concilio pidió a los nobles y a los príncipes que ayudasen a la nueva fundación y encargó a Bernardo de Claraval que redactase para una Regla original para los Templarios. (Ver La Regla)
Concilio de Troyes
a decisión de San Bernardo fue la de adaptar al Temple la dura Regla del Cister, con arreglo a la cual la Orden militar organizó su vida monacal. Los Templarios, en cuanto monjes en sentido pleno, debían pronunciar los votos de pobreza, castidad y obediencia, más un cuarto voto de contribuir a la conquista y conservación de Tierra Santa, para lo cual, si fuera necesario, darían gustosos la vida.
Con los tres primeros votos solemnes, es decir, que solo podían ser dispensados por la Santa Sede, los Templarios se convertían en verdaderos monjes, integrantes de una Orden religiosa plena y no de una simple asociación de caballeros. El cuarto voto, el mismo que los cruzados emitían con carácter temporal mientras estuvieran realizando su "peregrinación armada", se convertía para ellos en perpetuo, denotando su condición militar según el espíritu de la Cruzada.
El Concilio de Troyes y el entusiasta respaldo de San Bernardo provocaron el éxito de la nueva milicia en toda la Cristiandad. Para ingresar en las filas del Temple acudían a Tierra Santa, además de caballeros sin tacha, innumerables miembros de la nobleza menor que, privados de bienes y tierras, habían vivido en el pecado, la lujuria y el crimen. Bernardo de Claraval consideraba una victoria de Cristo la conversión de esos degenerados a la Orden templaria.
esde el primer momento se quiso dejar claro que para los Templarios las obligaciones religiosas siempre deberían estar por encima de las militares, porque se entendía que un cristiano reconfortado con el favor divino se hallaría más dispuesto al martirio. Lógicamente, no se suponía que los nuevos monjes-caballeros eran enviados a la muerte, ya que por su condición de excelentes guerreros lo más probable es que triunfasen en cualquier batalla que fueran a librar, al contar con la importante ayuda añadida de Dios. Así era la mentalidad de la época.
n torno al joven abad de Claraval se agruparon Pedro el Venerable, abad del Cluny (la otra gran orden monacal aparte de la del Cister), el abad Suger de Saint-Denis, el prior de la Cartuja y Esteban Harding, abad del Cister, impulsando entre todos ellos el nacimiento y crecimiento del Temple. Favorecidos por las redes de monasterios que obedecían a ese grupo de grandes abades aliados de Bernardo, el pequeño pelotón de Templarios que había asistido a Troyes se dispersó por los diversos reinos europeos para presentar en vivo el mensaje del concilio y logró en todas partes un apoyo inmediato.
Císter, Cluny y Temple colaboraron estrechamente
ugo de Payns y sus compañeros donaron al Temple sus tierras, con las que se constituyeron las primeras encomiendas. Una riada de nuevos reclutas para la Orden se incorporó a los trabajos de los cinco misioneros templarios, llamados de todas partes para que explicasen su vocación, que sintonizaba perfectamente con el sentido cristiano y caballeresco de aquellos tiempos. Todos ellos recibían donaciones en cantidad y calidad sorprendentes, que en pocos años, con el apoyo de Cister y Cluny, transformaron Europa en un auténtico entramado templario.
l extenso recorrido de los cinco monje-soldado por varios reinos después de la clausura del concilio de Troyes fue verdaderamente triunfal. Fueron acogidos con entusiasmo y generosidad desbordantes por reyes, obispos, príncipes, nobles y el pueblo, prácticamente sin excepciones. Las hazañas de los cruzados en Tierra Santa habían inundado de fervor religioso a las gentes de Occidente, y la ayuda al Temple, esa Orden que resumía y concentraba lo mejor de la Cruzada y que estaba avalada por San Bernardo y sus aliados, ofrecía a todos la posibilidad inmediata de participar en la defensa de los Santos Lugares.
ugo de Payns se dirigió a Anjou y Maine, con gran éxito. Después recorrió Poitiers y Normandía, donde de alguna manera estaba emparentado con los duques gobernantes, así que fue muy bien atendido. Se le concedieron tierras e importantes donaciones de todo tipo, se le permitió hacer una recluta, se le abrieron las iglesias y se le dejó hablar en las plazas. Allí, Enrique I de Inglaterra le comunica que existe gran expectación por conocer al Temple en su país, por lo que el maestre se presenta en Inglaterra y Escocia, de donde consiguió traerse un buen puñado de hombres. Desembarcó en Flandes y llegó a su Champagne natal en enero de 1129, acompañado por gran número de nobles y caballeros que habían tomado la Cruz. Muchos de ellos deseaban ingresar en la Orden nada más llegar a Jerusalén.
l mismo tiempo, los demás Templarios habían realizado un trabajo semejante regiones de origen. Godofredo de Saint-Omer en Flandes, Payen de Montdidier en Picardía. Hugo Rigaud obtuvo tal acogida en el sur de Francia, que tuvo que encomendar a otro Templario recién iniciado la continuación de su labor en España. Todavía en ese mismo año, los cinco Templarios y su contingente de selectos reclutas descienden entre el clamor de ciudades y pueblos por el valle del Ródano, para embarcarse hacia Jerusalén, donde son recibidos en triunfo en la Casa del Temple, su cuartel general, adonde habían enviado cantidades ingentes de oro y plata, para ir preparando su espléndido despliegue militar en Tierra Santa.
l primer Maestre podía sentirse satisfecho. Había dejado en occidente una amplia poderosa organización templaria en marcha, que enviaría cada vez más recursos y hombres a Ultramar. Esa retaguardia dirigida por los lugartenientes, con Hugo Rigaud como procurador de la Orden a la cabeza, extendió la presencia e influjo del Temple por las regiones ya sondeadas por la primera expedición, y poco después, por otros reinos cristianos, como el Imperio Alemán, Italia y las Coronas de Aragón, Portugal y Castilla, donde se comprendió perfectamente el mensaje templario porque la Península Ibérica era también tierra de Cruzada desde el inicio de la Reconquista.
Banqueros, monjes y guerreros
o se conocen bien las actividades de los Templarios durante los años inmediatamente posteriores, hay poca información al respecto. Es probable que los caballeros concentraran sus recursos en la tarea para la cual habían sido destinados en un principio: proteger las rutas que solían transitar los peregrinos, exceptuando un frustrado asalto contra Damasco, proyectado por Balduino II, a la vuelta de Hugo de Payns con las fuerzas que había reclutado.
a primera fortaleza importante asignada a los Templarios no se hallaba en el reino de Jerusalén, sino en la frontera más septentrional de las posesiones latinas, que eran las montañas de Amanos, que hacían de frontera entre lo que era en aquella época el reino armenio de Cilicia y el principado cristiano de Antioquía. En la década de 1130, al Temple se le dio la responsabilidad de proteger esa región fronteriza. Para proteger el paso de Belén, en la marca de Amanos, ocuparon la fortaleza de Bragas, a la que llamaron Gastón, un castillo erigido sobre un peñasco inexpugnable. Más al norte, para proteger el paso Hajar Shuglan, ocuparon los castillos de Darbsaq y La Roche de Roussel. En la Cisterna Rubea, a mitad de camino entre Jerusalén y Jericó, los Templarios construyeron un castillo, una estación vial y una capilla. Había una torre templaria más cerca de Jericó, en Bait Jubr at-Tahtani; un castillo y un priorato en la cima del Monte de la Cuarentena y un castillo junto al río Jordán.
ugo de Payns, fundador del Temple, murió, tras ver cumplido su pujante y su ideal, el 24 de mayo de 1136. Se ignora la causa pero se sabe que no fue en combate. Tres años después, el 29 de marzo de 1139, el Papa Inocencio II dictó la bula Omne datum optimum, dirigida al segundo Maestre Roberto de Craon, que proporcionaba al Temple importante ventajas: quedaban eximidos de toda jurisdicción eclesiástica intermedia, estando sujetos solamente al Papa. Incluso el Patriarca de Jerusalén, ante quien los caballeros fundadores habían hecho sus votos, perdía toda autoridad sobre la Orden. La bula la permitía al Temple tener sus propios oratorios y autorizaba a los sacerdotes a unirse a la hermandad en calidad de capellanes, lo que hacía a los Templarios totalmente independientes de los obispados diocesianos, tanto en Ultramar como en Occidente. El Temple tenía derecho a percibir diezmos, pero no necesitaba pagarlos, exención que hasta el momento solo se había concedido a los cistercienses, y podía tener cementerios contiguos a sus casas. Asimismo, los miembros tenían derecho al botín tomado al enemigo y solo debían responder ante su maestre, que sería uno de ellos, elegido por el cabildo sin ninguna presión de los poderes seculares.
urante los subsiguientes papados de Celestino II y Eugenio III, las bulas expelidas -Milites Templi en 1144 y Militia Dei en 1145- refuerzan los privilegios de los Templarios y sugieren que el respaldo a la Orden era desde ese momento la política oficial de la curia romana. Retener Tierra Santa era la prioridad, quienquiera que fuese el que llevara la tiara papal, y la Orden del Temple ya se había convertido en un pilar de la guerra de la cristiandad contra el Islam.
Estos favores suscitaron, como es lógico, la oposición de los obispos, entre los que figuraba el Patriarca de Jerusalén, además de comenzar a fraguar las envidias de algunas órdenes religiosas, que siempre perseguirían a Hugo de Payns y a sus monjes-guerreros, lo mismo que a todos los que les siguieron como Templarios
Mucho es lo que se ha dicho sobre la auténtica Regla del Temple. Yo reproduzco aquí la que, a mi juicio y por ser la más recurrida por parte de muchos autores, entiendo que es la antigua o primera regla de los Templarios, la que le diera San Bernardo de Claraval a Hugo de Payns y a los primeros caballeros de la Orden.
vida religiosa de un Caballero Templario se abría con la ceremonia de la iniciación, como era habitual en la tradición del Temple. El escenario habitual era una Iglesia de la Orden. El aspirante llevaba una túnica blanca, el cabello descubierto y aparecía completamente desarmado. Se le obligaba a jurar que renunciaba a la existencia laica, para convertirse en un monje-caballero.
A continuación se reproduce una ceremonia típica, basándonos en la declaración efectuada por el caballero Gerardo de Caux en un interrogatorio celebrado el 12 de enero de 1311, quién explicó como fue iniciado en la fiesta de San Pablo y San Pedro en el año 1298.
A altas horas de la noche, los aspirantes son conducidos a una pequeña antecámara contigua a la capilla del convento. Dirige la iniciación el Maestre provincial, en presencia de numerosos Templarios. Dos caballeros se dirigen a los aspirantes:
"¿Buscáis la compañía de la Orden del Temple y deseáis participar en sus obras espirituales y temporales?
Tras la respuesta afirmativa el hermano templario prosigue:
"Buscáis lo que es grande pero no conocéis los duros preceptos que se observan en la Orden. Nos véis con hermosos hábitos, con hermosas monturas, perfectamente equipados, pero no podéis conocer la vida austera de la Orden, porque si deseáis vivir a este lado del mar, sereis llevado a Ultramar y recíprocamente; si deseáis dormir tendréis que levantaros y caminar hambriento si habéis deseado comer. ¿Aguantaréis todo esto por el honor de Dios y la salvación de vuestra alma?"
Ante la nueva respuesta firmativa el hermano toma la palabra:
"Queremos saber si creéis en la fe católica, si estáis de acuerdo con la Iglesia de Roma, si os habéis comprometido con otra Orden o estáis vinculado por matrimonio. ¿Sois caballero nacido de matrimonio legítimo? ¿Estáis excomulgado por vuestra falta o por otra razón? ¿Habéis prometido algo o echo algún regalo a un hermano de la Orden para ser recibido? ¿No estáis afectado por alguna enfermedad oculta que pueda imposibilitar vuestro servicio en la casa o vuestra participación en el combate? ¿No estáis cargado de deudas?"
El postulante responde que cree en la fe católica, que es libre, noble, nacido de matrimonio legítimo y que no sufre ninguno de los impedimentos indicados.
Entonces, los dos caballeros templarios se retiran, dejando al Maestre provincial, postulantes y demás caballeros rezando en la capilla.
Regresan, preguntan a los aspirantes si persisten en su demanda y se retiran por segunda vez, para informar al maestre de la voluntad claramente manisfestada. Después les conducen ante el Maestre, con la cabeza descubierta. Se arrodillan los postulantes y hacen la siguiente petición:
"Señor, hemos venido ante vos y ante los hermanos que están con vos para solicitar la compañía de la Orden"
El Maestre les pide que confirmen las respuestas previamente formuladas a las preguntas de los dos caballeros, los postulantes juran sobre cierto libro y el Maestre continúa:
"Debéis jurar y prometer a Dios y a la Virgen que obedeceréis siempre al Maestre del Temple, que guardaréis la castidad, los buenos usos y las buenas costumbres de la Orden, que viviréis sin propiedad. Que sólo guardaréis lo que os sea dado por vuestro superior, que haréis todo lo que podáis para conservar el Reino de Jerusalén y para conquistar lo que todavía no ha sido obtenido, que jamás iréis por vuestra voluntad a los lugares donde se mata, saquea o deshereda a los cristianos injustamente, y que si se os confían bienes del Temple juráis que los guardaréis bien. Y no abandonaréis la Orden, para mejor o peor, sin el consentimiento de vuestros superiores."
Los aspirantes juran y el Maestre continúa:
"Os recibimos, a vosotros, a vuestro padre y a vuestra madre y a dos o tres de vuestros amigosque deseen participar en la obra espiritual de la Orden, del principio al fin."
Y dichas estas cosas les reviste del manto blanco y les bendice, y para ello un hermano capellán canta el Ecce quam bonum y después se recita la oración del Espíritu Santo.
El Maestre, entonces, les levanta con sus manos, les besa en la boca y les indica que el sacerdote y los caballeros presentes les beses en la boca de la misma forma.
Todos se sientan. El Maestre detalla para los nuevos hermanos el código disciplinario de la Orden, les describe las faltas que acarrean la expulsión de la casa y la pérdida del hábito; después pasa revista a las reglas principales de la vida cotidiana de los Templarios. Recuerda que deben vivir en castidad y que les está prohibido el trato con mujeres. Y concluye:
"Marchad, Dios os protegerá."
Destaca su excelente organización militar, la rapidez de sus movimientos y la facilidad con que saben prevenir cualquier ataque, como si fueran capaces de leer en el aire u oler al enemigo que todavía no es visto por los demás. Pueden ser pocos, pero valen por muchos..."
En 1163 quedó fijada la organización de los Templarios. Todos se hallaban bajo las ódenes del Maestre del Temple de Jerusalén. No obstante, éste debía atenerse al voto de la mayoría, es decir, al Capítulo para decidir las cuestiones más importantes: nombramientos de los distintos comandantes de las provincias, declaraciones de guerra, firmas de armisticios, el acoso a una fortaleza y hasta la recepción de un nuevo hermano.
DIRECCIÓN DE LA ORDEN
MAESTRE
Solo respondía a la autoridad del Papa, aunque debía ser respetuoso con los obispos y con los reyes. Disponía de cuatro monturas, además de una especial para el combate. Como ayudantes, contaba con un secretario e intérprete árabe, un soldado de caballería ligera, un herrero, un cocinero y dos criados de a pie.
SENESCAL
Segunda autoridad del Temple, suplía al Maestre en sus ausencias.
MARISCAL
Mandaba a los Templarios en la guerra y el combate si el Maestre no estaba presente.
COMENDADOR DE LA TIERRA DE JERUSALÉN
Tesorero y gestor de las finanzas de la Orden. Era asimismo, el jefe de la marina templaria y guardaba la Vera Cruz en las batallas. Se encargaba en la ciudad santa de la protección de los peregrinos y de la vigilancia de los caminos, que eran los fines fundacionales del Temple.
VESTIARIO
Encargado de la uniformidad de los caballeros, escuderos y sirvientes. Asistía a las ceremonias de iniciación.
COMENDADORES TERRITORIALES
Estaban en Palestina (Acre) y Siria (Antioquía). De ellos dependía el conjuntos de castillos de cada región.
TURCOPLERO
Jefe de la caballería ligera indígena, que formaba el escuadrón de los turcopolos.
COMENDADORES PROVINCIALES
Preceptores de las diferentes provincias en las que se dividía las Orden. Se encargaban de administrar las donaciones, cuidar de los hermanos que tenían a su cargo y debían enviar la mayor cantidad de dinero posible a Tierra Santa.
LOS MAESTRES
Hugo de Payns.........................1118 - 1136
Roberto de Croan....................1136 - 1146
Everardo des Barres..............1146 - 1149
Bernardo de Tremelai............1149 - 1153
Andrés de Montbard...............1153 - 1156
Bertrando de Blanquefort.....1156 - 1169
Felipe de Milly........................1169 - 1171
Odo de St. Amand..................1171 - 1179
Arnoldo de Toroga.................1179 - 1184
Gerardo de Ridfort................1185 - 1189
Roberto de Sable....................1191 - 1193
Gilberto Erail.........................1193 - 1200
Felipe de Plessiez..................1201 - 1208
Guillermo de Chartres.........1209 - 1219
Pedro de Montaigu.................1219 - 1230
Armando de Perigord............1232 - 1244
Ricardo de Bures......................1245 - 1247
Guillermo de Sonnac................1247 - 1250
Reinaldo de Vichiers.................1250 - 1256
Tomás Berard.............................1256 - 1273
Guillermo de Beaujeu...............1273 - 1291
Teobaldo de Gaudin....................1291 - 1293
Jacobo de Molay..........................1293 - 1314
Los Maestres Provinciales
CLASES COMBATIENTES
CABALLEROS
Flor y nata del cuerpo de guerra templario. Eran los únicos con derecho a portar el manto blanco con la cruz roja pattée, que se cosía al lado izquierdo del pecho, y ya avanzado el siglo XII se portaba también en el escudo. Disponían de tres o cuatro caballos para utilizarlos, si era preciso, sucesivamente.
SARGENTOS
Servían a los caballeros y se diferenciaban de estos en que vestían con túnica parda o negra, con la cruz roja en el hombro izquierdo.
ESCUDEROS
También armados y a caballo, aunque no tan poderosamente como los caballeros.
SIRVIENTES
Formaban, con escuderos y caballeros, el grueso del ejercito templario. Portaban armamento ligero y se ocupaban de los caballos del caballero. Apoyaban a este con sus arcos y le protegían.
TURCOPOLOS
Caballería ligera de cristianos nativos, que colaboraban con la Orden aunque no formaban parte de ella. Era, por tanto, un cuerpo militar auxiliar.
CABALLEROS SEGLARES
Caballeros que hacían el voto de peregrinación y se ponían voluntariamente al servicio del Temple, generalmente por un tiempo limitado. Estos caballeros vivían en los conventos de la Orden, excepto si estaban casados y sus mujeres se encontraban en Tierra Santa, en cuyo caso residían fuera de los recintos religiosos.
CLASES SACERDOTALES
ABAD DEL TEMPLE
Residía en Jerusalén, y era el superior de toda la división monacal de la Orden, que podía considerarse totalmente independiente de la militar.
SACERDOTES
También llamados capellanes. Asumían solamente funciones religiosas y de atención espiritual a las demás clases templarias. Se encargaban asimismo del cuidado de las iglesias.
El contraste más evidente entre los sacerdotes y las clases combatientes era de tipo cultural. Los caballeros templarios (así como escuderos y sirvientes) carecían por lo general de educación y cultura, y eran con frecuencia (incluso varios de los maestres, como el último, Jacobo de Molay) analfabetos. Los clérigos en cambio, estaban muy bien preparados en las escuelas catedralicias, monásticas e incluso en las universidades.
CUERPOS AUXILIARES
HERMANOS LEGOS
Desempeñaban funciones domésticas. También conocidos como "donados".
COMPAÑEROS DEL SANTO DEBER
O compañeros de oficios. Carpinteros, constructores, etc. Vivían en los establecimientos templarios (castillos, conventos) y estaban vinculados a la Orden. Se encargaban, bajo la dirección de un Templario de cualquier grado, de la edificación y mantenimiento de los castillos y edificios de encomienda. Se incluyen aquí a los agricultores, que generalmente no pertenecían a la Orden sino que eran contratados por ella en condición de siervos y ocasionalmente, de esclavos.
COOPERADORES
Personas que admiraban a la Orden del Temple y la ayudaban, fuera de la vida conventual. Era la única clase en donde podían colaborar las mujeres. Se organizaban de forma autónoma.
¿Cuántos eran los Templarios?
En caballería pesada, una lanza u hombre de armas consistía en un total de cinco combatientes: el caballero principal, dos escuderos y dos sirvientes. Es por ello, que no significa lo mismo un hombre de armas que un caballero, por lo que la estimación de los efectivos templarios tanto en Ultramar como en Europa no es tarea fácil, ya que, muchas veces, las fuentes no realizan tal distición, variando entre los trescientos caballeros de algunas, hasta los cien mil combatientes de otras. La cifra más aceptable y más divulgada, sitúa un número de combatientes en Tierra Santa en torno a los diez mil efectivos, de los cuales un millar largo serían caballeros plenos. Si tenemos en cuenta la veintena de fortalezas templarias en la zona, saldría una media de una guarnición de quinientos hombres por castillo, cifra bastante razonable.
En Occidente, en el conjunto de sus establecimientos, se rebasaría muy probablemente ese número, aunque vivían dispersos por los establecimientos de las ciudades y el medio rural. El conjunto de las casas y encomiendas de la Orden en Europa occidental ascendería a unas mil, con más de la mitad en Francia, lo que indicaría un número de caballeros en torno a los cuatro mil, a los que se deben agregar los templarios de todas clases y los cooperadores, muy numerosos, estableciendo un total de cuarenta mil personas aproximadamente.
LAS PROVINCIAS DEL ULTRAMAR CRISTIANO
Jerusalén (Reino)
Principado de Antioquía
Condado de Trípoli
Condado de Edesa
LAS PROVINCIAS EUROPEAS DEL TEMPLE
Inglaterra, con Irlanda y Escocia.
Francia, con Normandía y Borgoña.
El Poitou, con Aquitania y Gascuña.
Auvernia.
Alemania.
Lombardía.
Portugal.
Aragón, con sus reinos, el principado de Cataluña, el Rosellón y Navarra.
Provenza.


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